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Convertir el Fracaso en una Buena Experiencia: el desafío del líder

En nuestro camino profesional, nos hemos encontrado con varias herramientas y metodologías que contribuyen al Liderazgo y al objetivo último que tiene un líder, que es el poder gestionar y conducir personas hacia el logro de los objetivos organizacionales planteados, de forma efectiva y exitosa.

Pero en la reflexion e intercambio que surge de la experiencia con quienes tienen este desafío, nos venimos acercando a la idea de que liderar no es un fin en si mismo (aunque algunas posiciones lo traigan como inherente a las responsabilidades), sino un camino que se transita, en donde más allá de los resultados que se obtengan, lo que marca la diferencia es el Cómo transitar ese camino. Tiene que ver con la capacidad que un líder y una organización tienen de generar Buenas Experiencias.

Ya lo venimos analizando en torno al vínculo de la felicidad y el trabajo. Parece fácil de alguna forma pensar en acciones “felices” que contribuyan a la motivación, al mejor desempeño, al desarrollo del potencial. Pero ¿qué pasa cuando debemos enfrentar situaciones difíciles y “poco felices”? ¿Podemos contribuir a la felicidad en esos contextos cuando por ejemplo nos toca dar un feedback negativo, o debemos decirle a una persona que no queda seleccionada para una posición, o de las peores para un líder: tener que sancionar o hasta desvincular a alguien? ¿Es posible generar felicidad en situaciones cargadas de un NO, o de un fracaso?

Hace un tiempo atrás me encontré con este concepto de generar “Buenas Experiencias” desde la perspectiva del Seleccionador, cuando de alguna forma en ese proceso de búsqueda de perfiles, se genera con un otro (en este caso posible colaborador de la empresa) una experiencia de mutua elección, donde no solo la empresa es quien elije sino que la persona también elije a la organización en la cual quiere trabajar. Cuando el resultado es positivo, es fácil clasificarlo de buena experiencia, tanto para la empresa como para la persona seleccionada. Pero cuando se debe decir que NO a esa persona, ¿siempre se concluye que se trata de una mala experiencia? Más allá del posible “fracaso”, si como seleccionador o como empresa de alguna forma se procuró realizar un proceso o camino gratificante para ese otro, donde se respetaron sus horarios, se preservó la confidencialidad de los encuentros, se lo escuchó empáticamente para conocerlo, se le brindó la información necesaria de la empresa y de lo que ésta espera de sus colaboradores para que también pueda decidir si es el lugar en el que quiere trabajar, se lo atendió amablemente, se tuvo transparencia… Seguramente en estas circunstancias, a pesar del No final, la persona se vaya agradecida, con una buena vivencia por sentirse Valorada en su Existencia, y por haber transitado en definitiva una Buena Experiencia más allá del resultado. Y esto resulta sumamente poderoso en el vínculo que se establece.

Y este mismo concepto creo que es aplicable a cualquier circunstancia donde interactuamos con otros. Las personas necesitamos sentirnos Valoradas, sentirnos Protagonistas, sentirnos Respetadas. En las relaciones, sean laborales o de cualquier otra índole, siempre pueden haber zonas de desencuentros, porque no se trata de negar o evadir problemas, pero creo firmemente que siempre podemos de alguna forma convertir esos desencuentros en una buena experiencia, que nos acerque un aprendizaje y nos permita seguir adelante.

Por ejemplo, cuando debemos dar un Feedback negativo sobre el desempeño de otro. Un líder debe generar en ese encuentro un proceso de aprendizaje, para que la persona pueda identificar cuáles son los aspectos a mejorar de su desempeño y el porqué, tener claro que se espera de si mismo y cuando no lo está logrando poder facilitarle el darse cuenta para que pueda mejorar. Pero también ese líder nunca debe perder de vista en qué medida la organización, el equipo, o él mismo está contribuyendo a ese mal desempeño. Y de eso se trata el generar una buena experiencia: hacer un balance en la atribución que se le asigna a un hecho, y generar una respuesta responsable frente a eso, un mutuo “hacerse cargo”. Todas las personas tenemos diferentes modalidades de aprendizaje. Algunos pueden aprender desde la experiencia concreta, otros desde una observación reflexiva, otros conceptualizando de forma abstracta sobre algo. Y esto representa un gran desafío para el Líder: tener la suficiente empatía para identificar la forma de aprender de su colaborador, integrarlo al propio estilo y encontrar un equilibrio entre ambas para generar los resultados buscados. Desde esta perspectiva, una situación de fracaso no tiene porqué ser vivida con pesimismo, o con desvalía, sino que se la puede convertir en aprendizaje cuando se contemplan los diferentes niveles de atribución, tanto interna como externa.

Lo mismo podemos pensar en una situación más difícil aún: cuando debemos prescindir de una persona y desvincularla. Sin dudas es una situación poco grata, en especial para quien se queda sin su trabajo, pero incluso en estas circunstancias también podemos, dentro de lo difícil, generar una experiencia lo más positiva posible. Esto es, partiendo por esclarecer los factores internos y externos de ese acontecimiento, comunicando con claridad las razones, siendo sinceros, transparentes, respetuosos, amables, brindando contención, tratando de facilitar el entendimiento, siendo receptivos a que la persona pueda dar una mala devolución y tomarla en cuenta, e incluso en ciertas ocasiones acompañando el proceso posterior a la desvinculación para facilitar la recincersión de esa persona. Uno puede pensar: bueno, pero al fin y al cabo, no deja de ser una muy mala experiencia el quedarse sin trabajo. Sí, sin dudas, y en muchas personas representa un herida muy grande, con toda la ansiedad que eso conlleva respecto a cómo sigue la vida después de… Por eso como empresas se puede en estos contextos colaborar con ese otro, facilitarle herramientas para que continúe su camino, en ocasiones con ayuda de terceros que le ofrecen ayuda para su reincersión.

Situaciones pueden existir muchas, estos son solo algunos ejemplos, pero como siempre decimos, más allá de los “tips” que podamos desarrollar, nada como ser capaces y animarnos al encuentro con un otro, distinto a uno, pero que como todos busca sentirse valorado y respetado. Desarrollar la empatía no es un “tip”, es una necesidad, que escasea más que muchos otros recursos, y es hacia donde debemos apuntar nuestro desarrollo no solo como profesionales, sino como personas.

Debemos cuidar no solo ser buenos predicadores, sino poder ejercitarlo en la acción cotidiana… lo cual representa la mayor dificultad, porque nos interpela como personas y nos pone en el lugar de la Incomodidad que muchas veces trae el Liderar, que si sabemos aprovecharla tal vez podamos convertirla en aprendizaje.

La forma: creo que empezando por afianzar la concepción genuina de un otro como diferente a uno, del cual recibo y sobre el cual incido, pero con las mismas necesidades e igual merecedor del respeto y valoración que cada uno de nosotros pretende para sí mismo, tanto en el éxito como en el fracaso. Como dice un compatriota conocido, “el camino es la recompensa”.

Gracias y hasta la próxima!

Lucía Ripa