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¿Eres un Líder?

Muchos de los profesionales que acompañamos desde Entrust y apoyamos en el desarrollo de su gestión, se siguen planteando las mismas interrogantes respecto al ejercicio del Liderazgo: ¿Soy un buen líder? ¿Tengo las fortalezas del líder? ¿Cuáles son los aspectos que debo desarrollar?

¿Todos pueden liderar? ¿Cómo hago para prestarle atención a las personas, motivarlas, darles participación, pero seguir siendo efectivo en mi trabajo?. Este es el Paradigma sobre el cual proponemos reflexionar e interrogarnos.

El liderazgo en el ámbito organizacional suele ser percibido como un fin en sí mismo, sobre todo en aquellas personas que ejercen una posición de responsabilidad o jerarquía: se espera que el Jefe Lidere, y se lo concibe como una tarea más que se suma a las responsabilidades de planificación, toma de decisiones, análisis estratégico. El liderazgo entonces requiere sí de habilidades técnicas y de gestión (el saber técnico, la capacidad estratégica, la visión global, poder tener objetivos claros y planificarse para alcanzarlos)… pero las dificultades o deficiencias en términos de Liderazgo siempre aparecen en la misma dimensión: La Humana. Motivar, entender, comunicar, relacionarse, delegar, conducir. Nos desafía el lograr una influencia positiva, y esto es porque dicha influencia depende en gran medida de nuestras conductas a nivel interpersonal y emocional.
Otro aspecto a pensar, es que por lo general se presta atención al Liderazgo justamente en quienes cumplen funciones de “Jefe”, ya que son los que tienen la necesidad de liderar. Y son pocas las empresas que se preocupan (u ocupan) del liderazgo como actitud o conducta trasnversal a todos los integrantes de la organización. En todo caso se buscará identificar personas con un “talento natural” para liderar, dado que despliegan características de personalidad asociadas a buenas habilidades sociales, o se dice que tienen carisma, llegada a los demás, son positivos, empáticos, son referentes a nivel técnico dentro de su área de especialidad, logran ser flexibles y se adaptan a los cambios.Cuando se detecta ese talento, en el mejor de los casos se busca brindarle oportunidades de desarrollo para que siga creciendo… nos encontramos ante “un futuro jefe”¿Pero cómo podemos estimular al desarrollo del liderazgo más allá del puesto de trabajo o jerarquía organizacional? ¿qué pasa con aquellas personas que tal vez no despliegan estos recursos personales “naturalmente”? ¿es factible que puedan ser líderes? ¿pueden desarrollar esas habilidades?
Para ello propongo abrir la reflexión respecto a dos conceptos: qué significa liderar de forma exitosa y hasta donde pueden modificarse aspectos de nuestra personalidad.

Para pensar en lo primero, quisiera traer una concepción que para mí resulto reveladora, que la desarrolla Chris Lowney en su libro “El liderazgo al estilo de los Jesuitas”. Chris no solo es un ex seminarista jesuita, sino que ocupó durante 17 años posiciones de Management y alta jerarquía en J.P.Morgan (empresa financiera líder en inversiones bancarias y servicios financieros). En ambas experiencias, el autor se expuso al desafío del liderazgo e hizo un análisis comparativo respecto al modelo de liderazgo de los Jesuitas, con los desafíos que a nivel Corporativo se enfrenta una persona que lidera en una empresa como J.P.Morgan, que sobrevive en un mundo sumamente cambiante y competitivo. Uno de los aspectos que vé comunes en ambos tipos de organizaciones, es el desafío de organizar equipos de trabajo multidisciplinarios que trabajen en armonía, motivados, buscando un desempeño ejemplar y permanecer siempre listos para enfrentar situaciones de cambio. Uno puede pensar “pero tienen diferentes misiones, no se pueden comparar una financieracon una organización religiosa”, pero para contestarse a ésto les recomiendo la lectura del libro para entender como a pesar de ser diferentes se exponen a situaciones similares.
Más allá de los atributos o pilares que hacen al liderazgo exitoso, Lowney se cuestiona quiénes son los líderes.
Basados en lo que popularmente uno puede definir, los líderes deberían ser los que trazan el rumbo y las estrategias, lo comunican, buscan alinear a las personas para que cooperen entre sí y sigan el camino trazado, motivan e inspiran para enfrentar la adversidad, tomando decisiones y obteniendo resultados. Pero el aporte que trae el autor, no tiene que ver con lo que los líderes realizan, sino con quiénes son y cómo viven. Nos propopone que “todos somos líderes y que toda nuestra vida está llena de oportunidades de liderazgo”. No se reserva el derecho al liderazgo a quienes ocupan posiciones de jerarquía ni tampoco se reduce al ámbito laboral, sino que “podemos ser líderes en todo lo que hacemos: cuando trabajamos, cuando enseñamos, cuando aprendemos de los demás, en cualquier actividad de nuestra vida diaria”. Esto es porque en realidad estamos dirigiendo y accionando todo el tiempo diferentes situaciones, aunque lo hagamos bien o mal, nuestras acciones y decisiones tienen un resultado que impacta en uno mismo pero también en el entorno. Desde esta concepción entonces, el liderazgo no se reduce a una cuestión técnica, sino que se convierte en una forma de ser, estar y hacer. No es un acto, sino una forma de vivir, por lo cual nunca terminamos de formarnos hacernos líderes, y no existe un estilo único ideal. No podemos pretender “convertirnos” en líderes por haber seguido los 12 pasos para… el desarrollo del liderazgo personal es una tarea permanente.
Para ello nos plantea cuatro pilares para ser líder: el conocimiento de sí mismo (conocer cuáles son nuestras fortalezas, debilidades, valores y visión), el ingenio (buscanr innovar con confianza y adaptarse a los cambios), el amor (tratar a los demás con una actitud amorosa y atenta, con actitud positiva) y el heroísmo (“sacar oro de lo que tienen a mano en lugar de esperar a tener en la mano oportunidades de oro”).
Un Líder desarrolla una búsqueda introspectiva genuina, verdadera. Busca ordenarse en lo personal, saber quién es, qué valora, cuáles son sus puntos débiles, sus emociones, se dispone a revisar cómo realiza sus actividades, redefine su compromiso, identifica cómo van cambiando en diferentes etapas de la vida. Acepta su vulnerabilidad para despojarse de sus prejuicios y así poder poder aprender, de sí mismo y de los demás.
Esto no significa que por cuestionarnos a nosotros mismos perdamos nuestros valores escenciales, hay cosas que para cada uno no son negociables, pero primero debemos tenerlas claramente identificadas para que sean nuestra ancla y poder movernos con confianza en el entorno cambiante, apostando a más, innovando y teniendo una actitud amorosa para con los demás.

En esta línea, sí tomamos en cuenta la preocupació habitual de que “liderar me lleva tiempo y pierdo efectividad”, diría que sí: el liderazgo nos lleva tiempo, pero tiempo de desarrollo personal, de autoconocimiento, de revisar el cómo para generar los cambios, y eso es justamente lo que nos permite una mayor efectividad en todo lo que hacemos.

Considerando la segunda pregunta: ¿podemos entonces trabajar sobre aspectos de nuestra personalidad y cambiar? Estudios científicos revelan que la plasticidad de nuestro cerebro permite que a lo largo de nuestra vida adapte su actividad y pueda modificar su estructura de forma significativa. Todas las experiencias a las que nos exponemos modifican nuestro cerebro continuamente, y este proceso de aprendizaje es independiente de la edad, justamente por la plasticidad neuronal que permite que las mismas se fortalezcan o debiliten dependiendo de cuánta actividad generemos a las mismas. Por lo cual, ni la inteligencia ni los aspectos vinculados a la personalidad son inmutables, siempre podemos estar generando nuevos aprendizajes y trabajemos sobre la emocionalidad que la determina. Tenemos esa capacidad, ¿pero tenemos la intención real? No solo es poder, sino querer hacerlo. Y emprenderse en el autoconocimiento y desarrollo personal, por supuesto genera incomodidad, resistencia, pero es la única base de la renovación y el cambio para desarrollar la dimensión del Ser y no exclusivamente la del Tener. ¿Somos capaces entonces de invertir ese tiempo en nosotros mismos?

Gracias y hasta la próxima!

Lucía Ripa